Afroamericanos buscan espacio en Córdoba

Las diferentes colectividades de los países del continente africano comienzan a organizarse. Es para poder resolver temas en común. Quieren integrarse y que los cordobeses puedan conocerlos para evitar los miedos que suelen devenir en discriminación.

“Para mí, ser ‘negro’ en Córdoba hace referencia a todo lo malo, al delincuente, al pobre, al que no estudia. Te ven en la calle y te preguntan: ‘¿Dónde vendés?’. Los negros venimos también a estudiar. Yo trabajo como docente y soy presidente del Instituto de Presencia Afroamericana (IPA). Otros estudian en la Universidad, hay abogados, médicos”, asegura Jean Baptiste Youby, haitiano, residente en Córdoba desde hace seis años, en referencia a las personas de piel negra que viven en la provincia.

Con la creciente presencia de afroamericanos en Córdoba, los colectivos de migrantes comienzan a organizarse. No hay estadísticas que permitan cuantificarlos, pero comienza a aparecer la necesidad de aglutinarse para resolver temas en común e integrarse en la sociedad cordobesa.

Días atrás, el IPA y el Instituto de Culturas Aborígenes promovieron la charla “Qué es ser negro en Córdoba”. La convocatoria fue multitudinaria y se colmó el auditorio del Museo de la Mujer, pero el nombre de las jornadas no dejó conformes a quienes creen que la palabra “negro” remite a la época esclavista.

Integrarse, un desafío

Las realidades de los afroamericanos en Córdoba son diversas. Llegan buscando empleo, para estudiar o huyendo de conflictos políticos y catástrofes naturales. Vienen de Senegal, de Haití, de Camerún, de Perú, de Cuba, de Colombia, de Guinea o de Costa de Marfil. Todos enfrentan los desafíos de la integración social, de conseguir trabajo, de realizar trámites para la residencia legal y, en ocasiones, de la discriminación.En la disertación, el padre Horacio Saravia contó, ante la presencia de personal policial de la flamante división de Inteligencia Antiterrorista y Antidiscriminación, que un muchacho haitiano fue detenido por la Policía por su color de piel, en barrio Alberdi.

En este sentido, el comisario Guillermo Brunas, de dicha división, aseguró que se está capacitando a los agentes sobre la diversidad de culturas y de religiones para evitar atropellos policiales.

Juan Carlos Lavalle es peruano. Vive en Córdoba hace 18 años, tiene trabajo y dos hijos cordobeses. Es miembro de la cofradía del Señor de los Milagros, del Cristo negro.

“No he sentido discriminación, aunque cuando he viajado a La Rioja, a Catamarca o a Santiago del Estero, la gente me miraba como si fuera un bicho raro. Los niños se acercaban y me tocaban la mano frotándomela para ver si me despintaba. Ese tipo de cosas no las he tomado como una discriminación”, cuenta.

Seres humanos

Jean Frantz Bernard Vital es haitiano. Estudia Relaciones Internacionales en la Universidad Católica de Córdoba. “Ser negro en Córdoba o en cualquier parte del mundo es ser un ser humano. Somos conscientes de que algunas personas de esta minoría están en situaciones difíciles en cuanto a trabajo, estudios e inserción en la sociedad. Pero si se aíslan, no se integran y no participan, nadie sabrá lo que está pasando. Si existiera esta comunidad entre nosotros, negros o blancos, sería un poco más fácil”, opina.

Jean Frantz asegura que en los últimos años han llegado más afroamericanos a Córdoba, pero que también la presencia es más evidente porque comienzan a organizarse. “La gente no conoce de dónde venimos”, dice.

Juan Carlos coincide: “Me he encontrado con gente que cuando les digo que soy de Perú, me preguntan si en Perú hay negros. El Carmen, Chincha, Cañete son lugares de puro negros”.

Jean Frantz subraya que, al emigrar, el choque cultural es muy fuerte. “Cuando digo que soy de Haití, muchos me preguntan si soy de África. Me ha pasado que crean que Haití queda al lado de Sudán o de Nigeria. Estamos pensando en hacer eventos para que la gente conozca un poco más de nosotros”, apunta. También asegura que no ha sido discriminado en Córdoba por el color de su piel.

Youby cree que los casos de discriminación son comunes, en especial con los vendedores ambulantes. “Sentimos que tenemos que insertarnos. Hay mucha discriminación por el hecho de vender en la calle. Esperemos que la división antidiscriminación de la Policía pueda hacer algo”, sostiene. Y luego subraya: “La Policía siempre nos mira mal. Ojalá que puedan entender que tener otro color no es sinónimo de ser malo”.

Hay ocho mil africanos en Argentina

Se estima que los últimos flujos migratorios elevaron a ocho mil el número de africanos que viven en la Argentina. No existen datos precisos.

“Buscan mejores horizontes por la situación política de sus países y por la falta de desarrollo socioeconómico”, explica Nengumbi Celestin Sukama, fundador del Instituto Argentino para la Igualdad, Diversidad e Integración (Iaidi).

Sukama explica que los africanos en el país sufren discriminación por razones étnicas. “Ocurre, y mucho. En la atención en los centros de salud, y los vendedores ambulantes son blanco fácil de hostigamiento policial, por racismo puro. Se ve la violencia”.

En relación con el término “negro”, el titular de Iaidi asegura que es un término que debe ser 
reemplazado por “afro” o “afrodescendiente” o “afroamericano”, según el caso.

“Durante cinco siglos, se los llamó ‘negros’. Es una identidad impuesta por esclavistas y conquistadores. Muchos usan el término por costumbre, porque está impreso en el vocabulario. Yo no acepto que ese sea mi nombre. A los únicos que se los llama 
por el color de su piel es a los africanos”.

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El texto original de este artículo fue publicado el 26/06/2017 en nuestra edición impresa. Ingrese a la edición digital para leerlo igual que en el papel.