Le hacen un tackle a la discriminación y la violencia de género

Fuente: La Capital Rosario
Caio Varela, jugador de rugby de Ciervos Pampas, disertará hoy en una charla sobre violencia de género invitado por Rosario Central. Mañana jugará con su equipo contra Lobitos de Río

“Deporte contra la discriminación Los clubes en acción contra la violencia de género y la discriminación”. Con ese título la subcomisión de Mujeres y la Coordinadora de Hinchas del club Rosario Central organiza hoy, a las 20, en la sede Fundacional (Alberdi 100 bis), la primera charla de todo un ciclo. Se trata de una problemática de necesaria y difícil discusión en cada espacio, especialmente en el del fútbol, el deporte más masivo y popular de la Argentina, en el que el machismo juega cómodo y gana por goleada.
En este primer encuentro disertarán Loreley Flores y Alejandra Buttice, por la Organización con X, y Caio Varela, jugador de Ciervos Pampas, el primer equipo de Rugby por la Diversidad Sexual en Latinoamérica, quien habló con Ovación adelantando algunas de las cosas que compartirá en la charla que será gratuita y libre, sin camisetas, porque la discriminación juega en todas las canchas.
Caio Varela nació hace 44 años en Santos (Brasil), pero hace 5 vive en Argentina y trabaja como consultor en políticas públicas y derechos humanos. Cuatro años atrás comenzó a jugar al rugby, de pilar, y no lo hizo en un club tradicional, sino en Ciervos Pampas, el que nació en 2012 en Capital Federal, a partir de la iniciativa de un grupo de varones (varios de ellos homosexuales) que se juntaban a jugar a la pelota. De la redonda pasaron a la ovalada, se calzaron camiseta azul y rosa y medias con los colores del arco iris y de la bandera del orgullo LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales). Y en esto de buscar en el reino animal a los símbolos de deportivos, eligieron bautizarse Ciervos. Casi una metáfora del ejemplar al que cada año se le caen las astas y le vuelven a crecer. “Se resignifican” dice Varela en diálogo con este diario, un nuevo sentido como el que este grupo le dio al rugby, y al deporte todo.
“No sólo en la cancha luchamos contra la homofobia, seguimos con nuestra reflexión siempre y en toda la sociedad: creemos que el deporte debe ser un derecho humano para todos y todas”, dijo el jugador.
¿Ustedes son un equipo de rugby pero también una organización civil?
Sí, y tenemos Facebook, y 40 socios, de los cuales 30 jugamos al rugby. Contratamos de director técnico a Julián Ciancio, y queremos jugar cada vez mejor. Pero también tenemos una escuela de derechos humanos: el rugby es un instrumento de lucha contra la homofobia y la valorización de la diversidad sexual. Es que surgimos como equipo, éramos un grupo de amigos que jugaba en un plantel de fútbol por la diversidad y comenzamos a probar con el rugby porque nos gustaba.
¿Es un desafío jugar un deporte en el que la masculinidad es un valor?
Nosotros mostramos que no es así, que hay otras variantes del rugby donde la hombría y la masculinidad no son lo más importante. Jugamos en un torneo donde compiten trabajadores de empresas o que no están nucleados en clubes o colegios y que depende de la Urba (Unión de Rugby de Buenos Aires). Hay 28 equipos. Y hemos tenido, en general, muy buenas experiencias. Para que te des una idea, uno de nuestros grandes aliados es el equipo del Sindicato de Camioneros.
¿Quiénes juegan en Ciervos Pampas?
El que quiere y puede entrar a la cancha. Hay de todo y diverso en el equipo: chicos afeminados y no afeminados, cosa que nos parece bien porque estamos a favor de que la sexualidad se pueda expresar de distintas maneras; hay extranjeros, jugadores de 18 años y de 47, flacos y enormes, petisos y altos, médicos, estudiantes y desempleados. Y con distinto nivel militante: aunque ya ponerse las medias y entrar a la cancha es un compromiso militante. No condenamos al estereotipo sino que mostramos que hay espacios para todos los tipos y ninguno debe discriminar al otro. Practicamos martes y viernes a las 20, en plaza Uruguay (por avenida Libertador, en Recoleta), porque a todos los equipos se nos complica encontrar espacios en Buenos Aires. Y una hora antes hay escuela de rugby para los chicos que nunca jugaron. El rugby no es un deporte fácil y muchos de nosotros nunca antes habíamos jugado, yo empecé a los 40, pero también están los que de niños o adolescentes jugaron en clubes tradicionales y después dejaron porque no se sintieron cómodos.
¿Y qué tal juegan?
Vamos mejorando. Lleva tiempo formar un equipo competitivo en el rugby. Pero nuestro objetivo se va cumpliendo. El año pasado nos propusimos completar los quince partidos del torneo, este año consolidar y mantener el grupo. Este es un nivel amateur y muchos van y vienen.
¿Sufrieron gestos homofóbicos en los partidos?
Uno en general piensa a la homofobia como violencia física pero hay distintos niveles. Está la discriminación sutil, la mirada con desprecio o burlona, la sonrisa socarrona. El máximo nivel es el juego sucio, violento, y lo vivimos sólo en tres ocasiones, lo que no es poco. Te pegan mucho en la cancha. Otra actitud homofóbica es la de creer que somos todos homosexuales y ojo que el hecho de que no nos digan “putos” no resuelve todo. Otro gesto homofóbico es curiosear qué pasa en el vestuario. Tratamos de resignificar esas cosas. En muchos clubes aún hoy se estila hacer el bautismo a los jugadores nuevos, a los golpes. Una vez en un vestuario vimos esa escena con rechazo. Entonces nos interpelaron preguntándonos cómo hacíamos el bautismo nosotros. Te aseguro que nunca lo habíamos hablado pero varios dijimos: “Abrazándonos”, y nos juntamos en un simple abrazo. Rechazamos la violencia, también la lógica binaria y la heteronorma, la misoginia y el machismo.
¿Por qué cuesta tanto visibilizarse sexualmente en el deporte? ¿No le parece curioso que ni las propagandas deportivas, al menos para sumar un nicho comercial, se animen a ampliar esa visión?
La visibilidad cuesta y es importante, la lucha también. En el 2020 se organizan los juegos LGTB Out Games en Buenos Aires, creo que ahí van a aparecer. De todos modos, a Los Ciervos ya nos auspicia una marca de bebida energética, una de chocolates y una cadena de gimnasios. Vamos de a poco, no te olvides de que empezamos pocos tirando una pelota en una plaza y ya vamos ocupando más espacios deportivos y con conciencia política. Todavía somos un grupo incipiente que quiere fortalecerse deportivamente y lucha por demostrar que la violencia de género y la discriminación se dan sin que nos demos cuenta. Por ejemplo, si ponés rejas en la cancha, allí donde hay mujeres y chicos, ¿qué estás diciendo? ¿Quéquerés protegerlos o asumís que los varones somos violentos y debemos aislarlos de nosotros?
¿Cómo evalúa que haya rugby femenino?
Siempre que los grupos se organicen me parece bien y acompañamos la iniciativa y el proceso. Nos preguntan si ahora se vienen las Ciervas, el equipo de lesbianas, y nosotros decimos que no vamos a encarar ese protagonismo. Si ellas se organizan y juegan las felicitamos y apoyamos para que superen las dificultades. Porque el machismo nos pasa por encima a todos.
¿Qué le diría a un jovencito que aún no se anima a ponerse las medias y salir a la cancha?
Que se tome su tiempo. No es fácil pelear contra la homofobia familiar y menos contra la colectiva. Si cree que podemos ayudarlo que se comunique con nosotros por FB. Mirá, somos el primer equipo de rugby en Latinoamérica pero ya están Los Lobitos de Río, en Rosario y Los Huarpes, en Mendoza, además de Los Yaguaretés, en fútbol. Y la semana que viene acompañaremos a un equipo que se inicia en rugby en San Pablo: son los Tamanduá Bandeira (oso hormiguero), están entrenando hace tres meses. Y vamos por más.