La Caravana migrante

La caravana en Centroamérica y el estallido social en Haití representan una crisis humanitaria y son la cara de la misma moneda para la región. La muchedumbre de migrantes centroamericanos que huyen, es uno de los muchos ejemplos de que las políticas migratorias actuales no funcionan.

Sin duda estos dos  hechos nos fijan la mirada en Centroamérica y el Caribe.  En el primero de ellos la caravana de migrantes centroamericanos que se dirigen a los Estados Unidos ya incluye a más de 7.000 personas, según lo dijo el portavoz de la ONU, Aziz Haq, citando una estimación de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

Esta creciente multitud de migrantes que forman la caravana,  salió el pasado día 13 de Honduras, reanudó desde este domingo pasado su avance hacia la frontera de los EE. UU. en el sur de México, superando así el intento del gobierno mexicano de detenerlos en la frontera.

El peligro en combinación  con el miedo y las amenazas son las palabras de la clave en este fenómeno de inmigración masiva que ya es incesante y ha perdido el control. Para ser descriptivo de la situación angustiante hace pocas horas titulaba, el diario la Prensa de Honduras, “Masacre en Tegucigalpa” ,donde ocho hombres fueron asesinados en una cantina, narrando de esta manera una serie de numerosas y repetidas crónicas de violencia en Honduras.

Todo esto emerge bajo la ostensible  corrupción de una serie de  gobiernos autoritarios pero ineficaces, junto a los altos índices de pobreza y el elevado número de armas en circulación, que representan los factores que solo explican parte de la espiral que retroalimenta la inseguridad que respiran estos países.

Desde esta mirada entonces y poder interpretar la realidad centroamericana es necesario analizar un fenómeno muy característico que lleva creciendo años, cargando su ley a sangre y fuego, emplazando a las comunidades y gobiernos : las maras. Esta es la razón por la que en  Honduras los migrantes aluden y argumentan que  la pobreza generalizada y la violencia de pandillas , como una de las naciones más mortíferas del mundo por tasa de homicidios, como sus razones para unirse a la caravana.

En este contexto de la región,  al presidente estadounidense, Trump, no le tembló la mano y afirmó  comenzará a “recortar o reducir sustancialmente” la enorme ayuda exterior que Washington suministra de manera “rutinaria” a Guatemala, Honduras y El Salvador por no haber “impedido” la salida de la caravana de inmigrantes.

“Guatemala, Honduras y El Salvador no fueron capaces de hacer el trabajo de impedir que la gente saliese de su país y viniese de manera ilegal a EE.UU. Comenzaremos ahora a recortar, o reducir sustancialmente, la enorme ayuda extranjera que rutinariamente les damos”, afirmó en su cuenta de Twitter. También reiteró comentarios sobre que personas de Medio Oriente y criminales iban mezclados en la caravana. Ante reporteros de todo el mundo dijo que mirando en la caravana se podría “encontrar miembros de la MS-13” y gente “del Medio Oriente” y que “no los dejaremos entrar a nuestro país”.

Sin embargo al ser consultado, un alto funcionario de contraterrorismo contradijo la insinuación, dijo: “aunque reconocemos que existen vulnerabilidad tanto en nuestra frontera norte como en la frontera sur, no encontramos ninguna evidencia de que ISIS u otros grupos terroristas sunitas estén tratando de infiltrarse por la frontera sur”.

Estamos entonces en el abordaje de un tema central ya que hasta el día de hoy, el gobierno de Enrique Peña Nieto ha respondido a la administración estadounidense, convirtiendo a México en un filtro migratorio del vecino del norte. Como antecedente desde el 2014, el gobierno de Peña Nieto y lanzó el Plan Frontera Sur, cuyo objetivo era controlar los flujos migratorios provenientes de Centroamérica, especialmente de Honduras y El Salvador.

Indudablemente hay una serie de ejes de acción ineludibles para  atender las causas que originan la migración.  La prioridad es  impulsar el desarrollo en la región y el bienestar de las familias, así como incentivar que las personas permanezcan en sus comunidades de origen. Atendiendo reconocer el carácter de refugiados de los integrantes de la Caravana Migrante.

Por eso la importancia de  México que está a la cabeza de una nueva  estrategia migratoria para Centroamérica bajo la  propuesta de la CEPAL. Mientras tanto Morena analizará otras opciones de política interna, como el fortalecimiento de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados.

Sin embargo, la visibilidad de la Caravana, como otras similares en años anteriores, pone en el centro la pregunta: ¿México tiene la responsabilidad de acoger a migrantes centroamericanos y de otras regiones?

En este sentido, AMLO tiene la decisión política de  ayudar a solucionar los problemas de migración por medio de una política regional porque sostiene debe ser la bisagra en la solución, no el muro fronterizo que no separa y divide. “Las causas de la actual migración centroamericana son la violencia y la pobreza. México puede contribuir a solucionar con una política regional de cooperación, fomento al desarrollo y al progreso, tal como lo propone AMLO.

Un esquema nuevo que incluya, por ejemplo, un Consejo de Gobierno en materia de migración, asilo, refugio y retorno serviría para diseñar, y evaluar la política en todos estos ámbitos. Sin soslayar que Honduras, Guatemala y El Salvador, entre otros países de Centroamérica, se encuentran desde hace décadas en una compleja situación económica, política y social ya que cuando las personas que emprenden el riesgoso y doloroso viaje hacia el norte lo hacen porque huyen de la violencia y la precariedad.

Por esto nos parece que  la urgencia de alimentar a un hijo, de sobrevivir, de huir de la persecución y de la violencia, de las amenazas de pandillas y otros grupos de crimen organizado, no se relaciona  a los tiempos ni a los procesos burocráticos de los gobiernos y por ello se requieren medidas que reconozcan esta realidad.

La Caravana es uno de los muchos ejemplos de que las políticas de migración actuales no funcionan. Porque indudablemente no se han detenido los flujos de personas desde el sur ni hacia el norte, no han respondido a sus causas estructurales, y en cambio han generado condiciones de mayor riesgo para quienes no tienen otra opción más que dejar su hogar para buscar una mejor  vida.

Por eso a modo de conclusión estamos convencidos que se debería  promover una nueva visión que debe ir acompañada de una estructura institucional y un presupuesto para los países de la región, demostrando la prioridad que tiene el tema y que desarrolle los mecanismos necesarios que atiendan las condiciones inmediatas desde una perspectiva de derechos humanos, a la par de una estrategia de política económica y social de largo plazo nacional y regional para que migrar sea realmente una decisión no forzada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Alvaro Fontana