Dijo Antonio Caló: podemos hacerlo nosotros.

La fabricación nacional de computadoras, la inauguración de una refinería petrolera argentina y la participación obrera reabren el debate de la potencialidad productiva de nuestro país.

Desde lo científico y tecnológico no tenemos límites. La parálisis momentánea y parcial con el mercado mundial nos presenta problemas y ciertas ventajas. Durante las guerras mundiales del siglo pasado, los países periféricos manifestaron un crecimiento económico significativo, mientras que las potencias beligerantes tuvieron consecuencias catastróficas.

Paradójicamente en la era de la globalización, el nacionalismo económico resurge en China, Estados Unidos y en todos los países industriales. Mientras que los países dependientes, coloniales o semi coloniales mantienen una apertura indiscriminada de productos manufacturados. La Argentina se caracteriza por exportar productos agropecuarios, importando tecnología y artículos con valor agregado. La conformación de un Consejo Económico y Social es clave.

Dos significativos ejemplos producidos en los días de cuarentena indican que se puede revertir esta situación. Uno de ellos es la inauguración de la planta refinadora de combustible en la localidad de Campana, Provincia de Buenos Aires, de la petrolera Axion. Se trata de la planta hidrotratadora de diésel (DHT) que permitirá refinar gasoil premium y sustituir todas las importaciones de ese rubro y cubrir las necesidades de nuestro país.

“Son dólares que dejan de irse del país y sumamos cuatro mil puestos de trabajo”, aseguró el presidente Alberto Fernández durante la inauguración. El otro ejemplo de alto valor agregado que analizamos es el proyecto estatal del ministerio de educación para la adquisición de 400 mil computadoras para los estudiantes primarios y secundarios.

Antes de que se hubiera realizado la importación de las mismas, intervino la UOM, Unión Obrera Metalúrgica. Su secretario general Antonio Caló produjo un encuentro productivo de empresarios del sector informático y funcionarios del gobierno nacional y dijo: “hay que fabricar las computadoras en el país. Nosotros podemos hacerlo.” El ministro de Educación, Nicolás Trotta, Martín Guzmán, ministro de Economía, Matías Kulfas, secretario de Comercio Interior y autoridades del Banco Nación analizaron la viabilidad de lo señalado por los metalúrgicos. Larreta amplía las salidas recreativas: “Los chicos van a poder salir los dos días del fin de semana” Las tratativas llegaron al punto en que se anunció la fabricación en el país. No solo será un armado o ensamble de las computadoras, sino la fabricación de varios de sus componentes.

En el proyecto participan quince empresas del sector y contó con el monitoreo del secretario de Industria Ariel Schale, el presidente del Banco Nación Eduardo Hecker, el secretario general de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) Antonio Caló y su secretario adjunto, Roberto Bonetti. Las grandes potencias cierran sus economías y llevan adelante un fuerte nacionalismo económico pero recomiendan a los países periféricos apertura de sus mercados y libre comercio para colocar sus productos. Lo mismo ocurría en 1816 cuando los tejidos industriales ingleses, que llegaban al Río de la Plata, provocaban la quiebra de las teleras de las provincias. La pandemia no ha cambiado las leyes económicas. Debemos promocionar las industrias que generan trabajo nacional y esta desconexión circunstancial convertirla en punta de crecimiento nacional.

Respeto, el diamante perdido de nuestra sociedad Lo destacado de estos proyectos, tanto el de la planta de refinamiento de combustibles, como el de las computadoras estudiantiles, se deben observar no solo por el beneficio a los usuarios, sino como proyectos productivos de valor agregado.

Proyectos que generan fuentes de trabajo y ahorro de divisas en artículos que de otra manera serían importados. En cuarentena, vimos como la ingeniería nacional puso en marcha la fabricación de respiradores requeridos y a los científicos del CONICET desarrollando el kit de diagnóstico rápido de tipo PCR para el COVID-19.

Tanto en petróleo, ciencia o tecnología, como ratificó Antonio Caló: “podemos hacerlo nosotros”. Fuente: Perfil.com

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