Derecho de la Mujer: Cosas de esas

Si hablamos de derechos de la mujer algo nos remite inmediatamente al ámbito público, donde la diferencia de roles parece no terminar de alcanzar la igualdad tan enarbolada por todas las agrupaciones feministas. Pero que sucede con los derechos dentro de la esfera privada, como lo es la vida en pareja? Una de las más espontáneas de las vedettes argentinas, referencia que lleva bien ganada la rubia Nazarena Vélez, admitió en programa televisivo que ella “fingía placer cuando hacía el amor con su, ahora, ex marido, en algunas ocasiones que no tenía ganas” y a continuación alegaba en su favor que “ella era muy gauchita” .

Teniendo en cuenta que en el matrimonio el compañerismo representa un principio básico para el buen funcionamiento, puede ser tolerable la premisa de que hay que ayudar al otro, “hacer la gamba” como se dice, pero…¿ qué es lo que entra en juego del que da sin ganas si se trata de una relación sexual?. Es lo mismo ir de pesca un fin de semana y poner buena cara para salvaguardar la armonía de la pareja que si hablamos de la cama?

Lo más llamativo del caso, quizá, fuera la reacción de los oyentes: una respuesta de aceptación. Una actitud de complacencia, en éste caso, nos puede advertir sobre el rol que en el imaginario social todavía persiste sobre la mujer. Quizá aquello que se interponía entre los presentes y la falta de sorpresa era la dificultad de medir el alcance y el tipo de menoscabo ateniente al rol representado por la mujer. Sin duda, es difícil encuadrarlo por que, por un lado, estamos frente a una participación de la mujer voluntaria, lo que no llama a la censura directa como podría ser cuando hablamos de maltratos. Pero tampoco podemos pasar por alto un comportamiento, que al ser de la esfera de la vida privada, resulta no estar motivado en un sentimiento legítimo. En un caso de maltrato físico, la mujer teme, se somete y padece. Sin lugar a dudas no hay maltrato si la mujer actúa con consentimiento. Pero entonces nos preguntamos el por qué detrás de una conducta semejante. Será el miedo a la pérdida del otro? O será, a lo mejor, que está establecido y aceptado en el seno de la sociedad patriarcal que en una pareja la satisfacción del hombre tiene una preponderancia por sobre el deseo de la mujer?

La mujer del último siglo que ha luchado por estar a la par del hombre ha hecho conquistas, sin lugar a dudas. Pero puede ser éste el caso de que no ha dejado de ser vista por su condición biológica, la que determina su sexo. Parecería persistir, todavía, pese a los avances que ha logrado la mujer por equiparar en todos los ámbitos sociales al hombre, una idea de lugar secundario o complementario. Así se manifiesta la voluntad del deseo masculino como el rector del comportamiento femenino, silenciando su voz, en una esfera donde no hay más leyes que las impuestas por la búsqueda del rol que quiere alcanzar.